Sobrasada de Mallorca: Un viaje por su historia centenaria
Del cerdo negro a la mesa: la joya roja de Mallorca
Si hay un producto que identifica a Mallorca por el mundo, ese es sin duda la sobrasada. Para quienes llevamos décadas con las manos en la masa —o mejor dicho, en la carne—, este embutido es mucho más que un alimento: es parte de nuestra historia familiar y de nuestra identidad como isla.
La sobrasada tiene un origen que se remonta varios siglos atrás. Aunque algunos documentos hablan de su presencia en la isla desde el siglo XVI, fue durante los siglos XVIII y XIX cuando se consolidó como el producto estrella de nuestras matanzas tradicionales. Lo que comenzó como una forma de conservar la carne en tiempos sin refrigeración, se convirtió en todo un arte gastronómico.
En Ramaders Agrupats seguimos elaborando la sobrasada como lo hacían nuestros abuelos. Seleccionamos los mejores cerdos, preferentemente de raza negra mallorquina cuando es posible, y escogemos cuidadosamente las partes más nobles y grasas para garantizar ese sabor inconfundible. La mezcla de carne picada con el pimentón —que le da su característico color rojo— y las especias es casi un ritual que se transmite de generación en generación.
Una auténtica sobrasada mallorquina debe tener el punto justo de grasa para que sea untable al madurar, pero no excesiva. El equilibrio perfecto entre la carne, la sal, el pimentón y su tiempo de curación determinará su calidad final. Y aunque existe la versión industrial, os puedo asegurar como elaborador que la artesanal tiene ese punto de irregularidad y carácter que la hace única.
La forma más tradicional de disfrutarla sigue siendo el clásico «pa amb oli amb sobrassada», donde el calor del pan recién tostado la derrite ligeramente, liberando todos sus aromas. Una sencillez que esconde un mundo de sabor y tradición.
Receta: Pa amb oli amb sobrasada tradicional
Ingredientes:
- Pan payés mallorquín
- Tomate de ramallet
- Sobrasada de Mallorca
- AOVE
- Sal
Elaboración:
Tostar ligeramente el pan. Cortar el tomate por la mitad y restregarlo sobre el pan. Añadir una fina capa de aceite de oliva y una pizca de sal. Cortar la sobrasada en lonchas finas y colocarlas sobre el pan, o extenderla si es muy blanda. Opcionalmente, se puede calentar ligeramente para que la sobrasada suelte sus aceites.